Obra pictórica de estilo figurativo que retrata a un gato y un perro en un momento de descanso compartido. La composición se construye desde la cercanía de los cuerpos, enfatizando el contraste entre texturas y colores: los tonos cálidos del felino frente a los matices fríos y neutros del canino. La pincelada visible aporta movimiento y vida al pelaje, mientras el fondo suave mantiene la atención en la escena principal. La obra transmite calma, complicidad y convivencia, representando cómo el afecto y la confianza pueden existir más allá de las diferencias